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Puntos de Encuentro Familiar: un lugar para entenderse

En ocasiones, las separaciones y divorcios crean situaciones de conflicto de gravedad que perjudican a los menores. ¿Qué ocurre, por ejemplo, si uno de los progenitores no respeta el régimen de visitas?

A problemáticas como esta responden los Puntos de Encuentro Familiar (PEF), que empezaron a instaurarse en España a mediados de los años noventa, y que actúan tras la derivación de los casos desde los juzgados o la administración. Se trata de “espacios neutrales, lo más acogedores posible, para que se desarrollen los regímenes de visita de los menores con los progenitores en casos en los que las relaciones son conflictivas tras una ruptura”,  indica Emilio José López, coordinador regional de los 5 PEF de Castilla-La Mancha y miembro de la Asociación Colabora, entidad social pionera en la gestión de este servicio en la comunidad.

Puntos de Encuentro Familiar

El especialista explica cómo funcionan estos espacios, a quién atienden y en qué medida consiguen el éxito de normalizar las relaciones.


Un recurso temporal pero eficaz

“El Punto de Encuentro Familiar realiza una intervención temporal, de un máximo de 15 meses, con el objetivo de dotar a los progenitores de las habilidades necesarias para que en un futuro puedan relacionarse con plena autonomía e independencia, contribuyendo al correcto desarrollo emocional y afectivo del menor”, explican desde la Asociación Colabora, que ha contado con financiación de Triodos Bank para desarrollar su trabajo en los PEF.

Punto Encuentro Cuenca

Encuentro en un PEF

“En un 60% de los casos, hay éxito”, detalla López. Se atiende a “un perfil de familias muy amplio y con un estatus social que recoge todas las categorías”, incluyendo desde personas con conflictos no resueltos respecto a la relación con los menores, hasta casos en los que existen adicciones de los progenitores, alguno de ellos está en prisión o se ha producido violencia. “Por desgracia, hoy en día nos están llegando muchos casos por violencia de género”, explica López.

En función de la tipología del caso, se presta una atención diferenciada, que puede ir de la simple recogida del menor por parte de los progenitores a incluir una visita supervisada por los profesionales, si fuese necesario. “En los Puntos, se hace una entrevista previa para conocer el caso, la visión de cada parte y se habla con los niños para explicarles el recurso y por qué están allí. Trabajamos la puntualidad, la relación paternofilial, el lado emocional y vamos consiguiendo objetivos para la normalización”, detalla el coordinador.

Finalmente, “cuando se acercan los 15 meses máximos se realiza un plan de salida con algunos encuentros fuera para que se vayan acostumbrando y cojan cierta autonomía”.

Qué ha cambiado gracias a los PEF

Antes de la existencia de este recurso socialel lugar de recogida o encuentro con los menores no era siempre el más idóneo para ellos, al tratarse en muchos casos de comisarías. Ahora se produce en instalaciones más cuidadas para este fin, que cuentan como mínimo con un psicólogo, un trabajador social y un educador por centro.

Las propias familias aprecian la diferencia. “Muchas veces, cuando se va acercando el final, la familia se ha acomodado al recurso y desearía seguir”, afirma Gregorio Fernández. El gerente de la Asociación Colabora, además de psicólogo, nos explica que la entidad, creada por un grupo de profesionales de la intervención social, se formó al “detectar que había una carencia social y necesidad de recursos con una atención por parte de especialistas”.

Respecto a los PEF, López añade que también “los juzgados están bastante agradecidos, porque se han reducido las denuncias más banales o sin contenido” que se producen en algunas rupturas.

¿Están creciendo las rupturas conflictivas?

“La demanda va en aumento, ahora son unas 70 familias de media usuarias de cada centro y, al abrirlos, eran menos de una decena”, afirma Fernández. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ahora “con los PEF, se visualizan mucho más los problemas”.

Fernández tambien indica cómo percibieron que “a medida que la crisis económica empeoraba, la situación de las relaciones también lo hacía”, lo que coincidió con una merma de los recursos publicos. El panorama empieza a revertirse: “En los últimos años ha habido una reducción del 50% de profesionales y el servicio se ha mantenido gracias a la profesionalidad y al factor vocacional. Afortunadamente, el año pasado y este estamos intentando volver a crecer en número de profesionales”.